Amosando publicacións coa etiqueta Ecoloxía. Amosar todas as publicacións
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luns, 8 de setembro de 2014

Una granja para el futuro, de Rebecca Hosking

Una Granja para el Futuro from Horatiux on Vimeo.
Se trata de una historia real, narrada en primera persona por su realizadora Rebecca Hosking, quien se plantea como proyecto de vida el regreso a su Devon natal para hacerse cargo de la vieja granja familiar. Desde su trayectoria profesional de documentalista realizadora varias películas sobre vida silvestre, Rebecca se pregunta aquí cómo hacer para transformar el establecimiento agrícola de su familia localizado en el Sur de Inglaterra, en una granja de bajo consumo energético más adecuada para un futuro cercano, en el que evidentemente los combustibles fósiles serán cada vez más escasos.

Los subtitulos en español fueron realizados en forma autogestionada por el Movimiento de Transición de la Comarca Andina, Patagonia Argentina.

Para ver la ficha técnica completa y un resumen más detallado de este documental, visitar:
http://sites.google.com/site/sinpetroleo/cine/farmfuture

mércores, 11 de setembro de 2013

Ian Gibson, Serge Latouche y Jonathan Franzen nos piden una revolución


Resaca vacacional, resaca decepción olímpica. Sigamos adelante con buenas pautas, que es lo que hace falta, y no atendiendo el cacareo de gallináceas. Por eso quiero compartir desde esta Ventana Verde -emulando hoy el Área de Descanso de Javier Morales- tres lecturas verdes del verano que se agota, tres lecturas que nos permitirán no perder el paso en este 2013/2014.
RAFA RUIZ / Foto: MANUEL CUÉLLAR

“Creo que el hombre contemporáneo ha perdido en gran parte el contacto con la naturaleza, y es un gran error porque somos naturaleza. Reconforta saber que el ciclo sigue”. Lo dice el hispanista Ian Gibson, británico afincado en Madrid, en el barrio de Lavapiés, en el último número de la revista Aves y Naturaleza, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), en una entrevista firmada por Josefina Maestre. “Estamos locos”, continúa el gran experto en Lorca y Dalí. “El ser humano se ha separado de la naturaleza y tenemos que protegerla; hay mucho que hacer en este sentido. No voy a escribir más biografías; son obsesivas y no dejan tiempo para nada más. Quiero salir más al campo y luchar a favor del medio ambiente. Hay que salvar el paisaje. No se puede estar en una butaca como yo mirando un libro de aves. Hay que ser militante y participar en acciones directas para proteger el medio ambiente. Hace falta una revolución que cambie nuestra actitud hacia la naturaleza. Tenemos que darnos cuenta de que somos naturaleza, vivir de forma más sencilla, leer más, observar más, consumir menos, vivir menos deprisa y estar más en contacto con lo que nos rodea. Voy al parque del Retiro dos veces a la semana a andar y veo a gente corriendo con cascos que no se da cuenta de que hay un petirrojo cantando o una ardilla subiendo y bajando. La gente lleva vidas muy complicadas, cada vez con más aparatos, más pantallas y más distracciones”.
Merece la pena rebobinar un instante y repetir uno de sus pensamientos: Tenemos que vivir de forma más sencilla, leer más, observar más, consumir menos, vivir menos deprisa…
Qué gran lección de alguien que sabe proyectarse hacia el futuro porque ha mirado mucho al pasado.
Encontramos más palabras verdaderamente sostenibles en el economista francés Serge Latouche, profesor emérito de la Universidad París-Sur: “La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural… o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica…”, señala en una buena entrevista realizada en El País por el periodista Joseba Elola. “El capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pedalear porque, si no, se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento; si no, es la catástrofe. Desde hace 30 años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis”. Él, precursor de la teoría del decrecimiento, que ha publicado recientemente La sociedad de la abundancia frugal (editorial Icaria), también nos pide una revolución: “Es necesaria. Pero eso no quiere decir que haya que masacrar y colgar a gente. Hace falta un cambio radical de orientación”. Pide que aspiremos a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del Producto Interior Bruto; que trabajemos menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, que aspiremos a trabajar menos para vivir mejor. “Esto es más importante y más subversivo. Nos hemos convertido en enfermos, toxicodependientes del trabajo. ¿Pero qué hace la gente cuando le reducen el tiempo de trabajo? Ver la tele. La tele es el veneno por excelencia, el vehículo para la colonización del imaginario”. Y sigue: “Es preciso hacer una reconversión ecológica de la agricultura, por ejemplo. Hay que pasar de la agricultura productivista a la agricultura ecológica campesina. No es una vuelta atrás, ya hay gente que hace permacultura y eso no tiene nada que ver con cómo era la agricultura antaño. Este tipo de agricultura requiere de mucha mano de obra, y justamente de eso se trata, de encontrar empleos para la gente. Hay que comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales. Para todo ello es preciso un cambio de mentalidad”. Y termina: “Ya no tenemos democracia. Estamos dominados por una oligarquía económica y financiera que tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios que son los jefes de Estado de los países (…) Yo soy europeísta convencido, había que construir una Europa, pero no así. Tendríamos que haber construido una Europa cultural y política primero, y al final, tal vez, un par de siglos más tarde, adoptar una moneda única”.
Rebobinemos de nuevo, para asimilar bien: Hay que trabajar menos, comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales.
Y una tercera vía para este nuevo curso, uno de los libros de moda, que levanta todo tipo de elogios desde hace dos años, la novela Libertad, de Jonathan Franzen (Editorial Salamandra). En su relato, una de las tramas toca los puntos de vista del ecologismo, y deriva desde defensas puras hasta el posibilismo y la fractura del pensamiento por culpa del dinero. Hay partes realmente bellas y verdes en el libro: “El lago era demasiado pequeño para los somorgujos, pero cuando cogió la canoa de tela de su abuelo y visitó las zonas más recónditas, rara vez alteradas, espantó a un ave parecida a una garza real, un avetoro que anidaba entre los juncos. (…) Cuando Walter se acercaba, con la esperanza de ver a través del telémetro los avatares del avetoro en lugar de un espacio vacío, por lo general se escabullían y perdían de vista, pero a veces alzaban el vuelo y él se echaba atrás desesperadamente para seguirlos con la cámara. Si bien eran puras máquinas de matar, él los encontraba simpatiquísimos, sobre todo por el contraste entre el insulso plumaje empleado para el acecho y los espectaculares gris intenso y negro pizarra de sus alas extendidas cuando estaban en el aire. En tierra, cerca de su hogar pantanoso, eran humildes y furtivos, pero en el cielo eran majestuosos (…). Después de 17 años viviendo hacinado con su familia, había desarrollado una sed de soledad cuya insaciabilidad no descubrió hasta entonces. No oír más que el viento, el canto de los pájaros, los insectos, los saltos de los peces, los chasquidos de las ramas, el roce de las hojas de abedul al caer unas sobre otras: se detenía continuamente a saborear ese silencio no silente”.
Los chasquidos de las ramas, el roce de las hojas de abedul… El silencio no silente…
El gran escritor, y también ornitólogo, Jonathan Franzen proyecta una perspectiva desde el personaje llamado Walter: “En las dos semanas y media transcurridas desde su encuentro con Richard en Manhattan, la población mundial había aumentado en siete millones de personas. Un aumento neto de siete millones de seres humanos -el equivalente a la población de Nueva York- destinados a deforestar montes y contaminar arroyos y cubrir prados de asfalto y tirar basura atlántica al Océano Pacífico y quemar gasolina y carbón y exterminar otras especies y obedecer al puto Papa y producir familias de doce miembros”.
Ya hablando con sus propias palabras, Franzen ha señalado en una entrevista en el diario argentino Clarín: “Respecto a los cambios en mi país, (Estados Unidos), el más importante para mí es que la gente es más destructiva de lo que era en 2000; nos autodestruimos constantemente y, mientras tanto, estamos el día entero enganchados a Facebook, Twitter… Por otra parte, el país está en una posición mucho más débil, económica y estratégicamente, que hace 11 años. La situación medioambiental empeora y sin embargo, tengo la sensación de que es mucho más fácil no pensar en eso, porque estamos todo el día jugando con los nuevos aparatos electrónicos”.
No podía resistirme a compartir párrafos tan sustanciales que llegaron a mí en el calor madrileño de agosto. Nada que añadir a estas tres grandes plumas. Que nos ayuden a no errar en el camino.

sábado, 27 de abril de 2013

O Xurelo e os residuos radioactivos na foxa atlántica


O 14 de setembro de 1981 catorce heroes partían do porto de Ribeira cara a foxa atlántica no Xurelo, un pequeño barco palangreiro. O seu obxectivo era denunciar a existencia dun cemiterio radioactivo a 250 millas de Fisterra: "Vimos no nome de Galicia e de todos os pobos que queren unha vida en paz. O Atlántico é unha fonte de vida e riqueza. O Atlántico é un sinal de indentidade para Galicia e para moitos outros pobos. O Atlántico debe ser símbolo de vida e non de morte".
Greenpeace tiña denunciado a existencia das verteduras radioactivas. Os residuos das centrais nuclares de países como Bélxica, Holanda ou Alemaña trasladábanse en grandes mercantes á denominada fosa atlántica, onde eran lanzados ó mar no interior duns bidóns de 200 litros sen o coñecemento da cidadanía. A alerta da organización ecoloxista foi recollida polo partido nacionalista Esquerda Galega, que promoveu protestas en toda Galicia, ante a indeferenza da maioría da poboación, mesmo das confrarías de pescadores. Cando solicitaron un barco, só obtiveron resposta do patrón Ángel Vila, que xunto a tres mariñeiros de confianza, puxo a disposición da causa o seu barco, O Xurelo, símbolo da loita. "Vila é un tipo marabilloso, como o capitán que viaxa ó corazón da escuridade de Conrad", destaca o escritor e xornalista Manolo Rivas, que participou na primeira expedición.
Foi unha viaxe chea de dificultades, que aumentaron coa avaría do barco de Greenpeace, o Sirius, que non puido acompañalos. A inestabilidade da pequena nave naquel océano inmenso e as dificultades para chegar a unha zona da que apenas se tiñan coordenadas imprecisas acompañou ós tripulantes durante tres días. O 17 de setembro atoparon aos mercantes botando bidóns ao mar. Foron acosados por unha fragata militar holandesa, que case os afunde, pero conseguiron regresar á terra coas imaxes de como se tiraban os residuos, causando un gran impacto na opinión pública. No porto de Ribeira foron recibidos por unha multitude.
Foi o espertar dunha conciencia ecoloxista, seguida por outra expedición e da valente e arriscada actuación de Greenpeace, que conseguiu que ano e medio despois se prohibisen as verteduras nucleares no mar. Pero aí seguen 140.000 Tm de residuos nucleares a 4.000 metros de profundidade sen que se coñeza o seu estado.


luns, 2 de abril de 2012

O Desastre nas Fragas do Eume. Manifesto ecoloxista

Dende ADEGA, Sociedade Galega de Historia Natural e Verdegaia queremos amosar a nosa solidaridade coa veciñanza dos Concellos de A Capela, As Pontes e Monfero que están a padecer as consecuencias directas dos incendios declarados durante a fin de semana e que afectan ao Parque Natural das Fragas do Eume e á zona de Anca. Así mesmo envíamos o noso apoio aos efectivos e persoas voluntarias que están a traballar nas labores de extinción. Sumadas unhas circunstancias meteorolóxicas desfavorables, o lume que afecta as Fragas do Eume é a consecuencia directa dunha política forestal baseada na falta de planificación e xestión forestal, así como o fomento de plantacións con especies que favorecen os incendios.

Segundo a información proporcionada pola Consellería de Medio Rural e do Mar, ata as 14 hs. de hoxe víronse afectadas 750 hectáreas do Parque Natural. Nesta mesma información tamén se falaba de 100 hectáreas na zona de Cabalar (A Capela), pero cremos que se trata dunha información errada xa que outro dos incendios de grandes dimensións que están a asolar a comarca producíuse na zona de Anca-As Louseiras. Varias persoas integrantes destes colectivos comprobaron que houbo un conato de incendio no lugar de Cabalar, pero sen a gravidade que lle atribúe a Xunta de Galiza.

Entre os datos que fomos coñecendo, os técnicos sinalan ata tres focos causantes do incendio que afecta ás Fragas do Eume, é dicir, trataríase dun lume intencionado que coincide no tempo e no espazo co incendio en As Louseiras e co conato de Cabalar, o que  buscaría causar o maior dando posible a espazos naturais de grande importancia ecolóxica como son as fragas do río Eume e do río Belelle. A Xunta de Galiza está obrigada a poñer todos os medios e persoal necesarios para deter aquelas persoas que provoquen os incedios, pero tamén é necesario que a sociedade galega rexeite as actividades incendiarias e modifique a “cultura do lume” instaurada nas prácticas agrícolas.

  No caso do parque natural, o incendio está a afectar zonas de Reserva Natural, e de maior interese ecolóxico, zonas de fragas, zona de repoboacións con especies alóctonas e zonas de mato e pasteiros.

Aínda que os responsables políticos, nomeadamente Alberto Núñez Feijoó, destacan xunto a intencionalidade do incendio, as condicións climatolóxicas de vento e escasez de humidade, ADEGA, SGHN e Verdegaia queremos salientar que as dimensións deste incendio non poden entenderse se non é tendo en conta outros factores referentes as políticas ambientais da Xunta de Galiza:

-          A declaración como Parque Natural no ano 1997 non foi suficiente para que se tomaran as medidas necesarias que garantiran a súa conservación. A día de hoxe non conta co obrigado Plan Rector de Usos e Xestión nin cun programa forestal, o que favorceu que as Fragas do Eume sufran un paulatino proceso de eucaliptización e crecemento de especies alóctonas. Un exemplo o temos nos terreos afectos polo incendio: unha das zonas calificadas como de Reserva Natural está rodeada por zonas de repoboacións (eucaliptais, piñeirias, etc.), multiplicando o risco de que o lume chegue ás zonas máis sensibles.

-          A Xunta primou en Galiza o investimento en medios de extinción en detrimento da prevención, feito que non supuxo reducir o número de conatos e incendios. As Fragas do Eume, como veñen manifestando tempo atrás técnicos da propia administración, presentan zonas prácticamente inaccesibles debido ao abandono dos montes. Cando as circunstancias climatolóxicas son moi desfavorables, coma acontece actualmente, eses medios de extinción atopan grandes dificultades á hora de loitar contra os lumes. Se a isto sumamos que nos últimos tempos os brigadistas critican a precariedade laboral e a falta de medios coa que traballan, ademáis da aposta da Xunta por reducir o persoal encargado do cuidado dos espazos naturais, atopamos unha situación de grave perigo que ameaza aos nosos montes e que nos últimos meses está a castigar duramente moitos dos nosos espazos protexidos: LIC Macizo Central, ZEPA A Limia, Reserva da Biosfera de Allariz, LIC Ancares-Courel, etc. No caso das Fragas do Eume, o chamado da Xunta de Galiza ao exército pon de manifesto a incapacidade de afrontar unha circunstancia previsible de diferentes incendios cos medios e persoal existentes.

-          Queremos facer un chamado de atención sobre o réxime hídrico do río Eume, moi afectado pola detracción de auga para o enchido do oco da mina de As Pontes. Descoñecemos, debido á falta de información proporcionada por Augas de Galiza, se o proceso de enchido está a cumprir co obrigado caudal ecolóxico nun momento de seca como o actual. O menor caudal do río Eume podería estar a reducir a evapotranspiración, contribuindo a unha menor humidade no ambiente e a un maior risco de incendio en espazos que, como as fragas, soen verse pouco afectadas polos lunes gracias ao seu elevado nivel de humidade.

sábado, 17 de xullo de 2010

Destrucción a toda costa

Este breve vídeo forma parte do 10ª edición do informe 'Destrucción a Toda Costa' de Greenpeace, no que se analiza a última década de destrución do litoral. Unha desfeita que tamén afecta gravemente á costa galega.


martes, 26 de xaneiro de 2010

La fábrica de chocolate era... una central nuclear


Este artigo do diario Público é unha magnífica mostra de "como se escribe a Historia". O que ocorreu en Ascó coa central nuclear é unha elocuente mostra da doma que supuxo a transición. A loita democrática dunhas poucas persoas honradas fracasou ante o poder omnímodo da maquinaria capitalista que non dubida nunca en utilizar métodos mafiosos para acadar os seus fins. As persoas non importan. A quen beneficia entón este sistema?


JORDI SIRÉ- 26/01/2010

Andreu Carranza volvió el pasado domingo a Ascó para manifestarse en contra la instalación del cementerio nuclear. Era un reencuentro con un pasado doloroso: su padre, Joan Carranza, el primer alcalde democrático de esta localidad de Tarragona, tuvo que abandonar del pueblo con su familia por oponerse a la central. "La persecución de que fue objeto por las eléctricas y el propio ayuntamiento cuando ya no era alcalde acabó con su vida", dice Carranza, convertido hoy en escritor de renombre.

Joan Carranza era el sastre de Ascó al final del franquismo, cuando llegó a la localidad un hombre "al que llamaban Gitano blanco y empezó a comprar terrenos", dice el hijo del antiguo edil. El caciquismo franquista expandió el rumor de que querían hacer "una fábrica de chocolate". Pronto supieron la verdad, y comprobaron que las obras comenzaban sin permisos.

Su padre se movilizó con la ayuda del párroco local, mossèn Miquel, quien cada año conmemoraba el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki con un vía crucis que acababa lanzando coronas de flores al Ebro delante mismo de la planta. La sala parroquial fue el primer lugar de encuentro de los antinucleares cuando leyeron en la revista Triunfo las advertencias de una serie de físicos.

Pioneros antinucleares

Juntos crearon una asociación para presentarse a las elecciones, "algo pionero en ecologismo en un país que se manifestaba por la libertad y el Estatut". Su triunfo por mayoría holgada acabó provocando una fractura social que tuvo su momento álgido la noche del 23F. "Personas del pueblo ligadas a la extrema derecha salieron de sus casas con escopetas para liquidarnos". La escena, propia del far-west, fue vivida en casa de los Carranza con sus miembros distribuidos por las habitaciones con escopetas de caza. "Nos salvó Jaume de Grau, un hombre de derechas pero moderado".

Por aquel entonces "las eléctricas acabaron convenciendo con entrevistas uno a uno a los vecinos prometiendo lo mismo que ahora: progreso y puestos de trabajo". Carranza lamenta ahora, a un día de la votación de la candidatura a albergar el ATC, que la decisión recaiga en un alcalde que "continúa siendo trabajador de Ascó". La partitura, triste, termina con notas de optimismo. "En los 70 las manifestaciones antinucleares estaban llenas de personas de ideología libertaria de Barcelona. El domingo, los presentes eran de aquí".

Cuando la central empezó a funcionar, la familia Carranza y otra media docena se marcharon del pueblo. Mossèn Miquel fue retirado de su parroquia por orden del obispo y acabó sus días enfermo en un convento de monjas en Benicarló. Todavía no tienen epitafio: su recuerdo perdura entre los antinucleares de hoy.

sábado, 19 de decembro de 2009

Atentado contra o Rainbow Warrior


En xullo de 1985, na costa de Nova Celandia, o barco insignia da organización ecoloxista Greenpeace afundiuse debido á explosión de dúas minas colocadas por axentes do servizo secreto francés coa autorización do presidente Mitterrand.


O atentado levouse a cabo para impedir que o barco chegara ao Pacífico sur, onde pensaba levar adiante unha serie de accións para protestar contra as probas nucleares francesas no atolón de Mururoa (Polinesia Francesa). As bombas tamén causaron a morte dun fotógrafo da expedición, Fernando Pereira.


O barco foi refrotado e remolcado ata a baía de Matauri, onde foi afundido definitivamente e hoxe é unha atracción para os mergulladores.


Greenpeace contruiría un novo barco, o Rainbow Warrior II, continuando coa súa importante labor de denuncia dos atentados contra a natureza. Hoxe a ameaza nuclear é aínda maior, con cada vez máis países desenvolvendo armas atómicas e construíndo centrais nucleares.


Ademais da demisión do ministro francés de Defensa, Charles Hernu, as únicas condenas polo ataque ditáronse cara dous axentes secretos franceses. Foron sentenciados a dez anos de prisión en Nova Celandia, pero menos dun ano despois xa foron trasladados a territorio francés. Francia pagou indemnizacións de 7 millóns de dólares a Nova Celandia e 8,1 millóns a Greenpeace.