martes, 8 de outubro de 2013

Inauguración da exposición: Vivir da terra. A loita do campesiñado galego (1925-1982)


O 3 de outubro, a asociación de historiadores á que pertenzo, Sine Nomine, inaugurou a exposición Vivir da terra. A loita do campesiñado galego (1925-1975), na biblioteca Ánxel Casal, onde permanecerá ata o 2 de novembro, xunto cunha mostra bibliográfica.
A mostra, realizada con criterios didácticos, é o resultado da colaboración entre o proxecto de investigación “Mobilización política e conflitividade social nun contexto de grandes cambios: a Galicia rural durante o tardofranquismo e a transición (1960 – 1982)”, dirixido polo profesor Daniel Lanero Táboas, da USC e a Asociación Sine Nomine, de Profesores/as de Ensino Secundario.
Despois duns paneis xerais que percorren a situación do campo ao longo do século XX a exposición céntrase na mobilización social e política que tivo lugar na Galicia rural nos últimos anos do franquismo e na transición, procurando rachar coa imaxe de inmobilismo e atraso coa que acostuma vincularse ao mundo agrario galego
A exposición é froito da traballo colectivo do grupo de profesores que formamos Sine Nomine, seguindo o mesmo modelo doutras realizadas anteriormente. Despois da selección e reparto dos contidos buscamos imaxes representativas e facemos unha intensa labor de síntese para rematar deseñando os paneis nos que o texto, breve, e as imaxes, teñen un peso similar. A excelente maquetación é obra de Noemí Canal. Procuramos unha información relevante e atractiva que atraia aos destinatarios, o alumnado de ESO e Bacharelato.
Esta exposición, e as anteriores (II República, Vida Cotiá no franquismo, Mulleres que emigran, Vida cotiá na Transición), están a disposición dos centros educativos, culturais e das asociacións veciñais na Fundación 10 de Marzo: http://www.f10m.org/exposicions.



venres, 13 de setembro de 2013

Lendo en Dandora, Nairobi (Quenia), abril 2012. Micah Albert


Encántame esta foto. Unha muller que sobrevive aproveitando o lixo do vertedoiro de Dandora fai un descanso ollando unha revista. Concentrada, relaxada... nun contexto sucio e triste, pero que mesmo semella bonito na imaxe.
O poder curativo da lectura, unha pócima máxica para sandar as penas que todos levamos dentro. O repouso, a calma.
E a nosa lectora... lerá palabras e imaxes, ou só as imaxes? como será a súa vida? que fará coa revista? poderá conseguir máis lecturas? na biblioteca? 

mércores, 11 de setembro de 2013

Ian Gibson, Serge Latouche y Jonathan Franzen nos piden una revolución


Resaca vacacional, resaca decepción olímpica. Sigamos adelante con buenas pautas, que es lo que hace falta, y no atendiendo el cacareo de gallináceas. Por eso quiero compartir desde esta Ventana Verde -emulando hoy el Área de Descanso de Javier Morales- tres lecturas verdes del verano que se agota, tres lecturas que nos permitirán no perder el paso en este 2013/2014.
RAFA RUIZ / Foto: MANUEL CUÉLLAR

“Creo que el hombre contemporáneo ha perdido en gran parte el contacto con la naturaleza, y es un gran error porque somos naturaleza. Reconforta saber que el ciclo sigue”. Lo dice el hispanista Ian Gibson, británico afincado en Madrid, en el barrio de Lavapiés, en el último número de la revista Aves y Naturaleza, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), en una entrevista firmada por Josefina Maestre. “Estamos locos”, continúa el gran experto en Lorca y Dalí. “El ser humano se ha separado de la naturaleza y tenemos que protegerla; hay mucho que hacer en este sentido. No voy a escribir más biografías; son obsesivas y no dejan tiempo para nada más. Quiero salir más al campo y luchar a favor del medio ambiente. Hay que salvar el paisaje. No se puede estar en una butaca como yo mirando un libro de aves. Hay que ser militante y participar en acciones directas para proteger el medio ambiente. Hace falta una revolución que cambie nuestra actitud hacia la naturaleza. Tenemos que darnos cuenta de que somos naturaleza, vivir de forma más sencilla, leer más, observar más, consumir menos, vivir menos deprisa y estar más en contacto con lo que nos rodea. Voy al parque del Retiro dos veces a la semana a andar y veo a gente corriendo con cascos que no se da cuenta de que hay un petirrojo cantando o una ardilla subiendo y bajando. La gente lleva vidas muy complicadas, cada vez con más aparatos, más pantallas y más distracciones”.
Merece la pena rebobinar un instante y repetir uno de sus pensamientos: Tenemos que vivir de forma más sencilla, leer más, observar más, consumir menos, vivir menos deprisa…
Qué gran lección de alguien que sabe proyectarse hacia el futuro porque ha mirado mucho al pasado.
Encontramos más palabras verdaderamente sostenibles en el economista francés Serge Latouche, profesor emérito de la Universidad París-Sur: “La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural… o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica…”, señala en una buena entrevista realizada en El País por el periodista Joseba Elola. “El capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pedalear porque, si no, se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento; si no, es la catástrofe. Desde hace 30 años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis”. Él, precursor de la teoría del decrecimiento, que ha publicado recientemente La sociedad de la abundancia frugal (editorial Icaria), también nos pide una revolución: “Es necesaria. Pero eso no quiere decir que haya que masacrar y colgar a gente. Hace falta un cambio radical de orientación”. Pide que aspiremos a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del Producto Interior Bruto; que trabajemos menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, que aspiremos a trabajar menos para vivir mejor. “Esto es más importante y más subversivo. Nos hemos convertido en enfermos, toxicodependientes del trabajo. ¿Pero qué hace la gente cuando le reducen el tiempo de trabajo? Ver la tele. La tele es el veneno por excelencia, el vehículo para la colonización del imaginario”. Y sigue: “Es preciso hacer una reconversión ecológica de la agricultura, por ejemplo. Hay que pasar de la agricultura productivista a la agricultura ecológica campesina. No es una vuelta atrás, ya hay gente que hace permacultura y eso no tiene nada que ver con cómo era la agricultura antaño. Este tipo de agricultura requiere de mucha mano de obra, y justamente de eso se trata, de encontrar empleos para la gente. Hay que comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales. Para todo ello es preciso un cambio de mentalidad”. Y termina: “Ya no tenemos democracia. Estamos dominados por una oligarquía económica y financiera que tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios que son los jefes de Estado de los países (…) Yo soy europeísta convencido, había que construir una Europa, pero no así. Tendríamos que haber construido una Europa cultural y política primero, y al final, tal vez, un par de siglos más tarde, adoptar una moneda única”.
Rebobinemos de nuevo, para asimilar bien: Hay que trabajar menos, comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales.
Y una tercera vía para este nuevo curso, uno de los libros de moda, que levanta todo tipo de elogios desde hace dos años, la novela Libertad, de Jonathan Franzen (Editorial Salamandra). En su relato, una de las tramas toca los puntos de vista del ecologismo, y deriva desde defensas puras hasta el posibilismo y la fractura del pensamiento por culpa del dinero. Hay partes realmente bellas y verdes en el libro: “El lago era demasiado pequeño para los somorgujos, pero cuando cogió la canoa de tela de su abuelo y visitó las zonas más recónditas, rara vez alteradas, espantó a un ave parecida a una garza real, un avetoro que anidaba entre los juncos. (…) Cuando Walter se acercaba, con la esperanza de ver a través del telémetro los avatares del avetoro en lugar de un espacio vacío, por lo general se escabullían y perdían de vista, pero a veces alzaban el vuelo y él se echaba atrás desesperadamente para seguirlos con la cámara. Si bien eran puras máquinas de matar, él los encontraba simpatiquísimos, sobre todo por el contraste entre el insulso plumaje empleado para el acecho y los espectaculares gris intenso y negro pizarra de sus alas extendidas cuando estaban en el aire. En tierra, cerca de su hogar pantanoso, eran humildes y furtivos, pero en el cielo eran majestuosos (…). Después de 17 años viviendo hacinado con su familia, había desarrollado una sed de soledad cuya insaciabilidad no descubrió hasta entonces. No oír más que el viento, el canto de los pájaros, los insectos, los saltos de los peces, los chasquidos de las ramas, el roce de las hojas de abedul al caer unas sobre otras: se detenía continuamente a saborear ese silencio no silente”.
Los chasquidos de las ramas, el roce de las hojas de abedul… El silencio no silente…
El gran escritor, y también ornitólogo, Jonathan Franzen proyecta una perspectiva desde el personaje llamado Walter: “En las dos semanas y media transcurridas desde su encuentro con Richard en Manhattan, la población mundial había aumentado en siete millones de personas. Un aumento neto de siete millones de seres humanos -el equivalente a la población de Nueva York- destinados a deforestar montes y contaminar arroyos y cubrir prados de asfalto y tirar basura atlántica al Océano Pacífico y quemar gasolina y carbón y exterminar otras especies y obedecer al puto Papa y producir familias de doce miembros”.
Ya hablando con sus propias palabras, Franzen ha señalado en una entrevista en el diario argentino Clarín: “Respecto a los cambios en mi país, (Estados Unidos), el más importante para mí es que la gente es más destructiva de lo que era en 2000; nos autodestruimos constantemente y, mientras tanto, estamos el día entero enganchados a Facebook, Twitter… Por otra parte, el país está en una posición mucho más débil, económica y estratégicamente, que hace 11 años. La situación medioambiental empeora y sin embargo, tengo la sensación de que es mucho más fácil no pensar en eso, porque estamos todo el día jugando con los nuevos aparatos electrónicos”.
No podía resistirme a compartir párrafos tan sustanciales que llegaron a mí en el calor madrileño de agosto. Nada que añadir a estas tres grandes plumas. Que nos ayuden a no errar en el camino.

xoves, 23 de maio de 2013

DESDE CUANDO EL MIEDO SE HIZO ENTRE NOSOTROS, TODOS TENEMOS MIEDO DE LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE....LENGUAJE


Eduardo Galeano
 
En la época victoriana, no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita. Hoy, por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública: El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado, el imperialismo se llama globalización. Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, es como llamar niños a los enanos. El oportunismo se llama pragmatismo, la traición se llama realismo. Los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos. La expulsión de los niños pobres del sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar. El derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral. El lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría. En lugar de dictadura militar, se dice proceso. Las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas. Cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos. El saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito. Se llaman accidentes los crímenes que se cometen con los automóviles. Para decir ciegos, se dice no videntes, un negro es un hombre de color. Donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o SIDA. Repentina dolencia significa infarto, nunca se dice muerte, sino desaparición física. Tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones militares. Los muertos en batalla son bajas, y los civiles que la ligan sin comerla ni beberla, son daños colaterales. En 1995, cuando las explosiones nucleares de Francia en el Pacífico sur, el embajador francés en Nueva Zelanda declaró: "No me gusta esa palabra bomba, no son bombas, Son artefactos que explotan". Se llaman Convivir algunas de las bandas que asesinan gente en Colombia, a la sombra de la protección militar. Dignidad era el nombre de uno de los campos de concentración de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel de la dictadura uruguaya. Se llama Paz y Justicia el grupo paramilitar que, en 1997, acribilló por la espalda a cuarenta y cinco campesinos, casi todos mujeres y niños, mientras rezaban en una iglesia del pueblo de Acteal, en Chiapas."El miedo global" Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas. Las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

mércores, 15 de maio de 2013

EN UN MUNDO LIBRE: MERCADORÍA HUMANA


Do antigo Caladiños
A película de Ken Loach do ano 2008 segue o modelo do resto da súa filmografía, cine de denuncia social onde os protagonistas son os perdedores da Historia, as persoas marxinadas dos beneficios do actual modelo capitalista baseado no consumismo máis insubstancial. As súas películas parecen documentais polo realismo e a ausencia de panos quentes con que nos pon diante de realidades que forman parte do noso marabilloso mundo, e que preferimos non ver.
En un mundo libre trata da explotación laboral que sofren os inmigrantes en Londres, ‘o Terceiro Mundo no Primeiro’, onde máis que man de obra barata, son escravos ao servizo do consumidor. Unha situación que tamén existe preto de nós.
Angie, magnificamente interpretada por Kierston Wareing, é o motor da historia. Ela é unha traballadora despedida da empresa de traballo laboral, onde se ocupaba de traer mercancía humana desde Polonia, que decide crear a súa propia axencia de traballo temporal. Ela e a súa amiga Rose fan de intermediarias entre os empresarios sen escrúpulos, só preocupados de que os obreiros traballen por un salario de miseria e non protesten, e os inmigrantes dos países pobres que vagan por Londres en busca dun traballo con que manter a súa familia. Entre eles tamén hai diferenzas, os que non teñen papeis viven na máis absoluta miseria e teñen que aceptar calquera salario para poder traballar.
As dúas amigas tamén fan negocio co aluguer de apartamentos por horas aos inmigrantes, o que está pasando tamén aquí: xente que só ten ‘unha casa’ durante 12 horas ao día porque non pode pagar máis (na película Princesas, de Fernando León de Aranoa, moi recomendable tamén, reflíctese esa realidade). Cando Angie decide traballar con inmigrantes ilegais a súa amiga decide deixalo por medo ás consecuencias xurídicas, pero tamén porque aínda é capaz de marcarse uns límites de decencia. En realidade, Angie sabe que os beneficios compensan as posibles sancións impostas aos explotadores de persoas sen papeis, aos ‘negreiros’ do presente.
Angie, unha traballadora, non loita por cambiar o Sistema, senón que ela mesma se converte nunha peza máis na procura dun final ‘infeliz’. Aquí non hai heroes, só hai persoas que loitan por sobrevivir, unhas para poder comer e outras, como Angie (ou nós), para poder consumir.
A película non é redonda e en moitas ocasións pérdese (a relación co fillo e os pais está pillada con pinzas) ou simplifica de máis realidades complexas. Porén, ao igual que case que todas as películas de Loach, mantén un nivel cinematográfico máis que aceptable e, sobre todo, ten a enorme dignidade das causas xustas.

Paul Laverty, o guionista desta e doutras moitas películas de Ken Loach, nunha entrevista en El País opinaba o seguinte sobre o cine e o mundo no que vivimos: “... non existe o cine político. Ou, pola contra, todo o cine esconde unha mensaxe. As superproducións de Hollyvood son políticas, con protagonistas brancos, ricos, aos que o resto do mundo debe admirar e imitar”; “... en todo o mundo demos un salto atrás brutal nos dereitos sindicais e humanos, mesmo neste mal chamado Primeiro Mundo”; (para preparar o guión de En un mundo libre estivo en fábricas e almacéns de Gran Bretaña) “Os supermercados son unha marabilla de administración, comunicación, distribución... Produtos de todo o mundo a disposición dos seus clientes. Pero como chegaron ata alí? Estiven nas aforas dalgúns ás catro da mañá con inmigrantes agardando por un traballo... Esa man de obra, moitos sen papeis, manteñen a economía somerxida. (...) Xente que cobra 25 peniques (uns 30 céntimos) á hora”; “Onde están agora os logros da loita sindical? Os convenios, os salarios mínimos. Volvemos á Idade Media. E a economía incentiva ese sistema. Falei con labregos que pagaban unha merda a inmigrantes do Leste para recoller fresas en Gran Bretaña e amosáronme como non podían pagarlles máis sen ter perdas. Logo seguín as fresas ata os supermercados, fixeime no brutal aumento dos prezos e… quen se quedou cos beneficios?

domingo, 5 de maio de 2013

BALDAIO 1977, A LOITA POLO PATRIMONIO



A fermosa praia de Baldaio, no concello de Carballo, ten un gran valor ecolóxico. O conxunto de catro quilómetros formado pola marisma, a lagoa e as dunas móbiles é un dos lugares de maior interese natural da costa galega.
No ano 1947 as autoridades franquistas outorgaron a dúas persoas a concesión da explotación do marisco. Esta concesión pasou seis anos despois á empresa Baldaio S.L., que non se adicou á extracción do marisco. Esa era só a tapadeira para sacar area para despois vendela. Miles de camións levaron a area para a construción na cidade da Coruña mentres a administración miraba cara outro lado, ante a indignación dos veciños.
O 8 de maio de 1977 organizouse unha manifestación en Carballo, apoiada por Comisións Labregas e a Asemblea Nacional-Popular Galega, para denunciar o espolio que privaba á poboación do seu medio de vida e da propia praia como espazo de lecer. Unhas 5.000 persoas se concentraron na capital de Bergantiños, centos delas chegadas de toda Galicia. "Caciques fóra" líase nunha pancarta. Era día de feira na capital de Bergantiños, ateigada de xente. Ao final da manifestación a Guardia Civil cargou brutalmente, provocando o pánico entre a poboación. Aínda foi peor pola tarde cando os manifestantes baixaron á praia e se librou unha batalla campal que rematou cun manifestante cunha parálise permanente como consecuencia dun golpe que lle deron as 'forzas de orde'. As protestas continuaron e chegaron á súa máxima expresión en 1978. A marisma volveu abrirse ao marisqueo e a extracción de áridos quedou paralizada.
Hoxe Baldaio está protexida, formando parte da Rede Natura 2000, pero os veciños aínda lembran a loita: "Todo aquilo foi culpa do caciquismo. Agora as cousas cambiaron, pero non dá gusto mirar atrás. Ata fai dano. (...) Daquela o concello axudaba aos ricos. Faime graza ver agora a algúns que piden o voto polas portas e que nese ano nos fixeron tantísimo dano".
O documental Area nos ollos. A loita por Baldaio 30 anos despois recorda os acontecementos do 8 de maio de 1977 na voz dalgúns dos protagonistas dunha das mobilizacións pola dignidade da que foron protagonistas os galegos ese ano, xunto a da Encrobas, contra a ocupación de terras para a construción da central térmica de Meirama e a de Xove, contra a instalación dunha central nuclear.

mércores, 1 de maio de 2013

División sindical: que dimitan todos!!


Hoxe, 1º de maio, un grupo de persoas percorremos tres manifestacións. Si, tres manifestacións. Unha maneira de descargar a nosa rabia pola incapacidade dos dirixentes sindicais para poñerse de acordo. Esta situación repítese desde hai tempo, para desesperación daqueles que pensamos que son moitas as causas polas que loitar e nas que todos estamos de acordo, sexa cal sexa a militancia ou a simpatía concreta de cada un. Falei con moita xente, de distintas tendencias, e todos concordamos na absoluta estupidez de facer tres convocatorias. Parecía que andabamos xogando ás escondidas polo pequeno rueiro de Compostela.

E mentres, aí están os datos do paro, os inhumanos recortes e o estarrecedor futuro que nos anuncian. Tan difícil é para a casta dirixente da esquerda poñerse de acordo na defensa do estado do benestar? na defensa da sanidade pública, do ensino público, das pensións e do traballo? é que pensan que estamos no tempo de  resaltar as diferenzas, mentres nos esmaga a apisoadora?
Se non son quen de encabezar a unidade de acción que reclamamos os cidadáns que se vaian para a casa, ou teremos que ser capaces de artellar unha alternativa aos burócratas inconscientes. Porque de seguir así, creo que todos temos claro o que ocorrerá, adeus ao estado do benestar. Os valores da esquerda iranse ao carallo e, por suposto, viviremos, vivirán, peor.
A única esperanza, hoxe coma onte, segue a ser: Proletarios do mundo, unídevos!!!