xoves, 16 de febreiro de 2012

La buena nueva, de Helena Taberna


La Buena Nueva é a película que vimos recentemente na clase de Historia de España para introducir a Guerra Civil. Conta a historia dun cura bo, un cura que cre no que predica e que se pon do lado das vítimas cando se produce o Golpe de Estado franquista. O filme está baseado nos diarios do sacerdote Marino Ayerra, que relatan o que viviu na súa parroquia navarra da Alsasua durante a Guerra Civil, cando os falanxistas e os carlistas de apoderaron da vila e desencadearon toda a súa furia fascista contra os republicanos de todas as ideoloxías e as súas familias. Ao contrario do que ocorreu coa Igrexa católica e os seus curas en toda España, Marino intenta protexer aos perseguidos e axudar ás súas mulleres, e mesmo escribe un diario para que non se esqueza o que pasou.
Partindo desta historia real, a directora, Helena Taberna, engádelle outras historias de ficción, como a relación entre o cura e a mestra, que lle aportan unha maior credibilidade cinematográfica. As interpretacións son moi boas, tanto a de Unax Ugalde (o cura), premio na Seminci de Valladolid, e a de Bárbara Goenaga (a mestra), coma a dos actores secundarios, Willy Toledo (o médico asasinado) ou Maribel Salas (a nai dos Sánchez). Todos os personaxes son auténticos, cribles, encaixando perfectamente no que representan. De cada un deles podemos, sen demasiado esforzo, imaxinar a súa personalidade, o seu carácter. Outro aspecto destacable é a ambientación. Gran parte da película discorre en espazos abertos, en fermosas paisaxes e localizacións reais de Guipúscoa e o norte de Navarra.
Non é só unha película que conta unha historia interesante, senón tamén unha película entretida, vigorosa, que nos permite visualizar e comprender que pasou en moitos pobos de España cando triunfou o Alzamento, a Santa Cruzada. O que pasou en Galicia seguro que non se arreda moito do que vemos no filme. Non se trata de bos e malos, senón de medos, atavismos (carlismo), amor, maldade, ansias de poder, fanatismo e dignidade. No medio do horror, do temor a perder a propia vida, hai persoas que manteñen posturas éticas, humanas.
A Igrexa católica española de hoxe segue sen renegar da Cruzada, da Igrexa que mandou aos seus seminaristas á fronte de guerra a matar, da Igrexa cínica e perversa que representan os superiores dos curas protagonistas das dúas películas. Non só non pediu perdón polo seu activismo criminal ao lado dos fascistas durante a Guerra Civil e o franquismo, senón que aínda segue opoñéndose ao recoñecemento das vítimas que ela mesma provocou en contra dos principios que predica. Non, a Igrexa non era, nin é, a do cura de Alsasua. Por iso, e por outras moitas razóns morais, é necesario seguir realizando películas coma estas, que contribúen á honrar aos represaliados e ao coñecemento histórico. Estou de acordo con Helena Taberna cando di: “No hemos tenido sensibilidad suficiente con las víctimas de esta guerra. Para lo que fue aun no se han hecho suficientes películas buenas”.

xoves, 9 de febreiro de 2012

Dúas imaxes dos noso tempo

A verdade é que todo o relacionado coa crise e coa corrupción ten provocado infinitos motivos para cabrearse, para vomitar de asco, para botarse ao monte e, mesmo, para chorar de rabia. Canta inxustiza!!!

Acabo de enterarme da condena a Garzón por parte desa banda de desalmados que se din xuíces. O primeiro condenado pola máis que probada rede de corrupción da Gürtel. Once anos de inhabilitación para un xuíz por investigar, cando tantos outros xuíces prevaricadores, racistas, machistas e franquistas teñen saído de rosiñas de mans da (in)Xustiza. O corporativismo mafioso decidiu que non era un dos seus. os seus son os que ditan sentenzas que desprezan ás vítimas da violencia machista, económica ou fascista. Canta merda!!! Isto é un estado democrático, todos somos iguais ante o mazo dos poderosos.

Non sei ben por que, pero o proceso inquisitorial contra Garzón levoume á foto do presidente de Ryanair burlándose dos traballadores de Spanair no aeroporto de Bilbao. Un cabrón con diñeiro, orgulloso de ser un malnacido, mofándose de quen loita polo pan dos seus fillos. Esta é a imaxe do empresario capitalista de éxito, sen complexos. Mentres, cos impostos de todos, as administracións públicas? subvencionan as súas ganancias privadas suplicándolle que poña un avión no seu aeroporto.

E aquí estamos, loitando para non se vencidos polo medo, pola desesperanza que xuíces e capitalistas como os das imaxes nos causan. Estupefactos e temerosos dunha realidade noxenta aínda podemos berrarlles: Señores, son vostedes unha vergonza para a especie humana!!!

martes, 7 de febreiro de 2012

Dickens sigue diciendo la verdad


A los 200 años de su nacimiento, nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo: la condición de vida de los trabajadores, la usura, el desequilibrio entre ricos y pobres
BENJAMÍN PRADO 7 FEB 2012
Debuxo de Luke Fildes que gustou tanto a Dickens que lle pediu
que ilustrara o seu libro Edwin Drood
Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist o Historia de dos ciudades, entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes pero con los mismos problemas. ¿O es que no podrían estar dentro de Oliver Twist, junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente? ¿No nos recuerdan los convictos de La pequeña Dorrit, presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos? ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en Cuento de Navidad o a los del avaro Uriah Heep en David Copperfield? Dickens fue uno de los abanderados del realismo, junto a Balzac, Tolstói, Stendhal o Benito Pérez Galdós, y un escritor social que denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Su contemporáneo Carlos Marx dijo de él que "en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos". Y sin ninguna duda, el autor de Grandes esperanzas es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo. Para comprenderlo, no hay más que leer el principio de Historia de dos ciudades: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".
En Tiempos difíciles, Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.
Cuando Dickens retrata en Los papeles póstumos del club Pickwick, David Copperfiel o La pequeña Dorrit a unos seres sin escapatoria y de la familia de los pícaros españoles, el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo o El buscón, sabía de qué hablaba, porque él mismo había sufrido en su infancia los latigazos de la miseria, cuando su padre estuvo tres meses encerrado en la prisión de Marshalsea, por una deuda con un panadero que hoy equivaldría a 3,50 euros y que hizo que él fuese enviado a trabajar en una infernal fábrica de betún. Su batalla contra la injusticia ya anticipaba el fracaso de un sistema que se basara en la explotación, aunque sus advertencias a los poderosos fuesen voces en el desierto: "¡Oh, economistas utilitarios", escribe, "comisarios de realidades, elegantes incrédulos... si seguís llenando de pobres vuestra sociedad y no cultiváis en ellos la esperanza, cuando hayáis conseguido arrancar de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren a solas con su vida desnuda, la realidad se convertirá en un lobo y os devorará". Se equivocó, y no hace falta más que volver una vez más los ojos hacia la Grecia de hoy, verá que los dos extremos siguen en su sitio: las televisiones hablan de niños que a media mañana se desmayan en los colegios a causa del hambre y los diarios dicen que mientras el país solicitaba un rescate de la Unión Europea, sus potentados se llevaban a Suiza más de 200.000 millones de euros. En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del Inem y en los comedores de beneficencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar.
Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mejor expresión en Casa desolada, donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados y causas de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en Oliver Twist, donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con los fuertes y abusiva con los débiles por el modo en que el juez Fang insulta y castiga con desproporción a su desventurado protagonista. O, una vez más, en Tiempos difíciles, donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en un supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es "hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada". En un país como España, donde solo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.
En junio de 1865, Dickens viajaba en un tren que sufrió un accidente terrible cuando cruzaba un puente en obras. Los siete vagones que precedían al suyo se despeñaron por un precipicio y él pasó horas atendiendo a los heridos hasta que llegaron las ambulancias y pudo ocuparse de regresar a su asiento y recuperar el manuscrito, aún sin acabar, de su penúltima novela, Nuestro común amigo. No hay que tener una gran imaginación para ver en esa escena una metáfora de esta Europa que hoy descarrila poco a poco, primero Grecia, luego Irlanda, después Portugal... Tal vez el derrumbe se detenga a tiempo, y los que nos conducen a la catástrofe recuperen el sentido común igual que lo hizo el tacaño señor Scrooge en Un cuento de Navidad, que al ver el negro porvenir que le anunciaban los espíritus del Pasado, el Presente y el Futuro, donde podía verse una tumba con su nombre y sin ninguna flor encima, supo cambiar a tiempo y convertirse en un hombre generoso. Es una parábola que, hoy más que nunca, merece la pena no olvidar.
Benjamín Prado es escritor.

sábado, 28 de xaneiro de 2012

“Si el famoso árbol de Guernica da este fruto, procuremos que no vuelva a retoñar.”



En Xiztoria (tomada do Museo Zumalacárregui) recollín esta información sobre unha das moitas e expresivas viñetas políticas publicadas no século XIX. Lonxe da corrección política, as revistas ofrecían unha visión satírica da vida política española. La Flaca (1869-1876) era unha revista anticarlista e republicana, publicada en Barcelona. A pesar da liberdade de prensa durante o Sexenio, o semanario foi censurado en moitas ocasións e, para evitalo, cambiou con frecuencia o seu nome: La Carcajada, La Madeja ou El Lío.
Un dos obxectivos preferentes da súa burla foi o carlismo, outra vez botado ao monte entre 1872 e 1876. A caricatura que nos ocupa foi publicada por La Madeja o 2 de maio de 1874.
Unha muller, símbolo da agonizante Iª República (este ano, despois do golpe de Pavía, da República só se conservaba o nome) tala cunha machada a árbore de Guernica, símbolo dos Foros vascos. Unha serra, o xeneral Concha (xefe das tropas do Norte), será a ferramenta final coa que a República conseguirá o seu obxectivo.
A árbore ten como raíces o Absolutismo, a Intolerancia e o Fanatismo. No seu tronco o lema carlista: Dios, Patria, Rey. As súa ponlas son as tres provincias vascas: Álava, Guipúzcoa e Vizcaya. Os seus froitos son os carlistas e os curas, armados, que os apoian. Os carlistas aparecen como cogomelos e como ratas, sempre coa boina.
En primeiro plano, a botella de petróleo fai referencia a un folleto de Vicente Monterola 'Don Carlos o el petróleo', no que se presenta ao pretendente carlista como única alternativa aos que queiman igrexas. Substitúese Don Carlos polos Foros, en referencia aos obxectivos carlistas.
A República rematou en 1875, e non foi ata 1876, co novo réxime da Restauración cando o Estado español venceu aos carlistas e serrou a árbore, suprimindo os Foros. O carlismo non desapareceu pero foi incapaz de provocar outro levantamento semellante. A reivindicación foral pasou a ser protagonizada polos nacionalistas vascos liderados polo antigo carlista Sabino Arana. Hoxe a árbore de Guernica segue sen atopar acomodo no Estado español.

luns, 23 de xaneiro de 2012

NYC, maNY faCes, maNY plaCes, de Niti Laíño

Esta fin de semana puiden por fin ver a exposición de fotos do meu compañeiro Niti no Centro Sociocultural do Ensanche de Santiago (ata o 30 de xaneiro, en febreiro estará no Centro de Vite). A exposición está formada por 35 fotografías en branco e negro tiradas en Nova York no ano 2009.

As fotos, dunha indubidable calidade, amosan unha cidade moi distinta á tópica, á turística, trazando un percorrido polo cotiá, pola vida diaria dunha xente inconsciente de formar parte do 'centro do mundo'. Esta capacidade do fotógrafo para fuxir da mirada vacua do turista (unha das pestes dos nosos tempos), para ser quen de descubrir a esencia da cidade, de calquera cidade, que reside nos detalles das súas rúas e nas miradas dos seus habitantes é para min o gran logro da súa obra. As fotos de Harlem son realmente extraordinarias, suxerintes e cheas de sensibilidade, obríganos a deternos e contemplalas devagar.

Unha exposición máis que recomendable, un pracer estético e unha auténtica viaxe sentimental á verdadeira cidade.

mércores, 18 de xaneiro de 2012

El respeto a los muertos


Ignacio Escolar @ 6:06 am
Pedro María Martínez, 27 años. Francisco Aznar, 17 años. Romual Barroso, 19 años. José Castillo, 32 años. Bienvenido Pereda, 30 años. Murieron el 3 de marzo de 1976 en Vitoria, cuando la policía disolvió a tiros una asamblea de trabajadores en huelga que se celebraba en una iglesia. Fraga era ministro de Gobernación, el máximo responsable político de la policía que abrió fuego. La calle era suya, de palabra y de facto. Ninguno de estos crímenes fue jamás juzgado.
Enrique Ruano, 21 años. Fue un estudiante de derecho asesinado en 1969 por la Brigada Político Social, la policía política de la dictadura. ¿Su delito? Repartir pasquines antifranquistas. Según la versión del régimen, Ruano se suicidó lanzándose por una ventana. Según quedó claro hace unos años, Ruano fue torturado durante cuatro días y después ejecutado de un disparo; de su cadáver se serró el hueso de la clavícula para esconder el agujero de una bala. Fue Fraga, ministro de Información, quien se ocupó de filtrar al ABC una carta de la víctima que lo presentaba como un suicida. Fue también el mismo Fraga quien llamó al padre de Ruano para recordarle que tenía otra hija, para amenazarle, para decirle que se callara.
Julián Grimau, 52 años. Fue un líder comunista fusilado en 1963, después de varios días de torturas –según la versión oficial, también se había lanzado por la ventana–. Fraga participó en el Consejo de Ministros que condenó a “ese caballerete”, como lo despreció en rueda de prensa el entonces ministro de la propaganda de Franco, que hizo todo lo posible para impedir el indulto que pedían otros políticos de la dictadura.
Manuel Fraga Iribarne, 89 años. Murió este domingo en la cama. Además de estas sombras, Fraga también tuvo sus luces, como habrán oído o leído ya en un sinfín de obituarios que suelen olvidar estos otros nombres, estos otros muertos que también conviene recordar.
Descanse (descansen) en paz.

sábado, 14 de xaneiro de 2012

Ciencia e Igrexa

E nós que memorizamos que o XVIII era 'el siglo de las luces' e resulta que aínda seguimos na escuridade, tan sinistra como as sotanas.

mércores, 4 de xaneiro de 2012

Los reyes magos del soldado

Cando ando por Ourense teño por costume botarlle unha ollada a nosa 'folla parroquial', La Región. Unha ollada que non pode ser máis que iso dado o calado do seu contido, agás cando se produce un deses sucesos sanguentos que de cando en vez nos recordan que nas aldeas aínda vive (mal) xente. Pero hai unha páxina que si miro con interese, a Hemeroteca. Nela, na sección de Historia en 4 tiempos, de Maribel Outeiriño, teño atopado pequenas alfaias que ilustran o noso pasado con máis elocuencia que calquera manual de Historia. Por exemplo, esta que resumo abaixo, moi acaída para tempo de Reis.

Rancho de soldados nacionales
"La Confederación de Mujeres Católicas, organizadora del aguinaldo de Reyes para los soldados ha recibido los siguintes donativos: los niños (segue unha listaxe de nomes), todos ellos en dinero. Y han enviado donativos en especies los siguientes señores: señor párroco de Piñor, con una garrafa de aguardiente; Conchita y Chiquilín Pacheco Salazar, dos botellas de coñac; Chiquita Calvo Valcárce, dos medias botellas de vino selecto 'Valtry' y dos cajetillas de cigarros; 160 niños de la cataquesis de Cea envína ocho cajas de higos pasos; Carmen González Gutiérrez, una botella de licor café; Marifé y Sebastián Burdeos, una botella de jerez y seis cajetillas de cigarros; viuda de Sas, dos botellas de aguardiente; Ayuntamiento de La Veiga, 22 botellas de aguardiente, 24 kilos de chorizos, 20 de carne de cerdo y 80 de patatas; Manuel Pol Piñeiro, seis botellas de vino de La Rioja; una patriota de Mariñamansa, un jamón y un lacón; Aurora Saco y Arce, dos botellas de manzanilla; Eloy y José Daniel Parada, 20 cajetillas de cigarros; Luis Gil Mejuto, 150 paquetes de tabaco; María Ramón y Juan Testa, un paquete de cigarros, cuatro cajas de jabón, una docena de pañuelos y un par de guantes; Elvira Pavón de Burdeos, una botella de Anís del Mono y doce cajetillas de cigarros".
(1937)